¿Destino o consecuencia?

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¿Es nuestra vida resultado de un destino predeterminado de alguna manera o es consecuencia de nuestro pensar y actuar? 

Esta es una pregunta que con mucha frecuencia se hace la gente.

Analizando mi accidente, tengo ejemplos claros de que ambas versiones son válidas.

¿Acaso alguien puede negar que el día del accidente todo se conjugó de manera fatal? Ahí está la ironía de pararme a comprar una coca cola, que fue lo que sincronizó el accidente. Eso es destino.

¿Es posible que una recuperación tan extraordinaria sea producto de acciones humanas? También es destino. Si bien, se hicieron muchas cosas bien, mi recuperación es fuera de lo pensado en cualquier pronóstico médico. 

Por otro lado, analizando mis pensamientos y acciones, ¿alguien puede decir que no puse de mi parte? ¿O que ese empeño no tuvo efecto en los resultados finales? Es innegable que los resultados son consecuencia en gran parte de mis decisiones y de mi actuar.

Yo creo que la vida es la suma de 2 partes. Hay ciertas cosas que son destino y que no podemos hacer NADA por cambiarlas. Pero también hay parte de la vida que es lo que está en nuestras manos y podemos hacer TODO por cambiarlo. 

Mi conclusión es que, dentro de un obra teatral dada por el destino, el actor tiene total injerencia en aportar a la grandeza del espectáculo.

Me apego a mi slogan con el que tanto me identifico: “Si tú haces tu parte, las estrellas se alinean, el cielo se abre y sucede lo impensable.”

 

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  • published this page in Reflexiones 2015-05-26 21:47:44 -0500

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