Te comparto algunas reflexiones que he escrito y otras que han marcado mi vida. Espero que también toquen tu corazón.


“Si tú haces tu parte, las estrellas se alinean, el cielo se abre, y sucede lo impensable.”

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Esa es la frase que describe mi vida y que me inspira tanto, tanto…

Me inspira tanto porque se repite una y otra vez en mi vida, y cada vez, reafirma su innegable verdad. 

Le he dado vueltas a todo lo que he vivido, a todo lo me ha pasado en toda  mi vida, bueno y malo.

El ejemplo más claro, el más estremecedor es obviamente mi accidente.

En ese acontecimiento, por la gravedad de mi lesión y contra todo pronóstico médico, la posibilidad de que el cielo se abriera, y las estrellas se alinearan eran pocas, muy pocas, casi nulas. Sin embargo, sucedió lo impensable.

Pero debo de compartir que hice mi parte y bien hecha… Me esforcé brutalmente, perseveré en el esfuerzo, tuve fe, perdoné… simplemente hice bien hecho lo que estaba en mis manos, lo que tenía que hacer…

Hace poco, me encontré esta frase, que expresa la misma  idea.

No siempre conseguimos lo que queremos… Pero lo que sí es un hecho es que tarde o temprano la vida nos concede lo que merecemos…

Si no hacemos nuestra parte, nunca mereceremos.

Un abrazo.


Dar y servir

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Quisiera compartir una reflexión sobre el dar y el servir. 

Durante mi cuadriplejia, por muchos años, recibí apoyo y ayuda. De todo tipo. Desde médica y emocional hasta económica y espiritual. 

Todos los que “me  daban” deseaban que yo saliera adelante. Y salí… Con el tiempo, la vida me ha dado la oportunidad, la cual yo he convertido en obligación “de dar, y de  brindarme a los demás”.  

Hoy doy mi tiempo, mi aprendizaje, mi cariño y mi apoyo a quien me lo pida o lo necesite. 

Irónicamente, fue otra bendición más en mi vida, porque he descubierto el enorme placer que produce el dar. El valor del dar es muchísimo más grande que el de recibir o conseguir algo para uno mismo. 

Pocas cosas resultan tan gratificantes como el aportar a la vida de otro ser humano, especialmente si esa persona está pasando por un mal rato.

Di las gracias, pero nunca pude “pagar” a las personas que en su momento me ayudaron. De igual forma, hoy no espero nada a cambio de nadie a quien me brindo. Porque simplemente estoy cumpliendo con mi obligación de dar… a quien sea y lo necesite.  Espero que a los que hoy les doy la mano, que algún día se la den a alguien más. 

 

Porque al dar, vivimos…

 

“En el dar y en el servir está la esencia del arte de vivir”. 

 

Un abrazo


Adversidad vs Felicidad.

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Quisiera compartir con ustedes una reflexión de mis años de hospital…

Conforme el tiempo iba pasando, las difíciles circunstancias que estaba viviendo se hicieron rutina.

Por increíble que parezca, sí, así fue. Me acostumbre a la adversidad.

Aquellas tareas que alguna vez eran simples, como desayunar, vestirse, bañarse, etc. y que se habían convertido en un infierno por la parálisis, se volvieron rutinarias. Empecé a vivir una “normalidad” infernal. La adversidad era ya mi inseparable compañera.

El tiempo, la rutina, la aceptación no solo me hicieron acostumbrarme a las dificultades sino que también fueron disminuyendo la carga emocional que éstas implicaban. El peso de hacerlas fue disminuyendo, la costumbre se impuso, el humor cambio, la recuperación anímica se empezó a dar y poco a poco la alegría empezó a llegar. El camino a la felicidad estaba siendo recorrido, paso a paso, centímetro a centímetro. Llegó el día que se terminó de recorrer el trayecto amargo y se había llegado a la felicidad. Así fue.

Hoy, muchos años después, veo con mucha claridad la diferencia entre vivir una adversidad y ser feliz.

La adversidad es un estado circunstancial, la felicidad es un estado anímico.

Mientras que la adversidad es algo que “sucede”, la felicidad es algo que “decides”.

La adversidad y la felicidad no son mutuamente excluyentes.

La adversidad no cancela la felicidad. Simplemente demanda de nosotros más coraje, más determinación, más carácter para tomar la determinación de ser feliz. Que quede claro, la responsabilidad de ser feliz, sigue y seguirá siendo nuestras, en cualquier circunstancia, adversa o plena. 

Un fuerte abrazo.


Aceptación.

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Uno de los valores o virtudes más difíciles de vivir, es la aceptación.

¡Qué difícil resulta aceptar esas adversidades horrendas, que no queremos para nuestra vida y que lamentablemente son parte de nuestra realidad!

Pero así como resulta enormemente difícil, también es absolutamente necesario aceptarlas para superar una adversidad.

La aceptación es el primer paso para dejar de sufrir e iniciar el duelo para asimilar una pena llámese como se llame.

Con origen en el término latino acceptatio, el concepto de aceptación hace referencia a la acción y efecto de aceptar. Este verbo, a su vez, está relacionado con aprobar, dar por bueno o recibir algo de forma voluntaria y sin oposición.

La aceptación es dejar de poner resistencia a la realidad.

Si nos resistimos a algo, es porque es indeseable, es algo que nos provoca dolor.

Sin la aceptación no podemos progresar en la sanación de nuestro dolor y en superar esa etapa de sufrimiento.

Es imperativo hacerlo, es requisito indispensable.…

Mucho tiempo después del accidente, me dijeron una frase que he atesorado a lo largo de los años…

Es sabiduría pura y te la comparto, querido amigo, esperando que te sea tan útil a ti como me ha sido a mí.

“No cuestiones las decisiones de Dios, dáles entrada en tu corazón y construye sobre ellas”.

“No cuestiones la decisiones de Dios”. Recuerda que Dios, no se equivoca, respeta sus decisiones y limítate a pedirle que te ayude a entender su voluntad.

“Dáles entrada en tu corazón”. Acepta sus mandatos, no te opongas a su voluntad.

Y finalmente, “construye sobre ellas". Haz algo bueno con los dolores de la vida.

Espero que esta frase te ayude a aceptar cualquiera que sea la pena que estés pasando o llegues a pasar en un futuro.

Con afecto…

Fritz Thompson


La felicidad es un trayecto, no un destino.

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Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después de casarnos, después de tener un hijo, y después de tener otro.

Entonces nos sentimos frustrados de que los hijos no son lo suficientemente grandes y que seremos más felices cuando lo sean.

Después de eso nos frustramos porque son adolescentes (difíciles de tratar). Ciertamente seremos más felices cuando salgan de esta etapa.

Nos decimos que nuestra vida estará completa cuando a nuestro esposo le vaya mejor, cuando tengamos un mejor auto o mejor casa, cuando nos podamos ir de vacaciones, cuando estemos retirados.

La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que AHORA.  ¿Si no es ahora, cuándo?

Tu vida siempre estará llena de retos.  Es mejor admitirlo y decidir ser felices de todas formas.

Por largo tiempo parecía para mí que la vida estaba a punto de comenzar, la vida de verdad.  Pero siempre había algún obstáculo en el camino, algo que resolver primero, algún asunto sin terminar, tiempo por pasar, una deuda que pagar, entonces la vida comenzaría.  Hasta que me di cuenta de que estos obstáculos eran MI VIDA.

Esta perspectiva me ha ayudado a ver que no hay un camino a la felicidad. La felicidad es el camino. Así que, atesora cada momento que tienes, y atesóralo más si lo compartiste con Alguien Especial. Recuerda que la vida está hecha de tiempo, y que el tiempo no espera por nadie...

Así que deja de esperar hasta que termines la escuela o vuelvas a la escuela, hasta que bajes 10 kilos, hasta que tus hijos se vayan de casa, hasta que te cases, hasta que te divorcies, hasta el viernes por la noche, hasta el domingo por la mañana, hasta la primavera, hasta el verano, o hasta que mueras, para decidir que no hay mejor momento que éste para ser feliz.

TRABAJA COMO SI NO NECESITARAS DINERO, AMA COMO SI NUNCA TE HUBIERAN HERIDO Y BAILA COMO SI NADIE TE ESTUVIERA VIENDO.

 


La arena y la roca.

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Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y discutieron. Uno acabó dando al otro una bofetada. El ofendido se agachó y escribió con sus dedos en la arena: “Hoy mi mejor amigo me ha dado una fuerte bofetada en la cara”.

Continuaron el trayecto y llegaron a un oasis, donde decidieron bañarse. El que había sido abofeteado y herido empezó a ahogarse. El otro se lanzó a salvarlo. Al recuperarse del posible ahogamiento, tomó un estilete y empezó a grabar unas palabras en una enorme piedra.

Al acabar se podía leer: “Hoy mi mejor amigo me ha salvado la vida”.
Intrigado su amigo, le preguntó: ¿Por qué cuando te hice daño escribiste en la arena y ahora escribes en una roca?

Sonriente, el otro respondió: Cuando un gran amigo nos ofende, debemos escribir la ofensa en la arena, donde el viento del olvido y del perdón se encargará de borrarla y olvidarla. En cambio, cuando un gran amigo nos ayuda o nos ocurre algo grandioso, es preciso grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento de ninguna parte del mundo podrá borrarlo.

 


Enorme error al entender la vida.

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Uno de los más grandes errores que comente el ser humano a la hora de entender la vida, es ignorar que el aquí y el ahora cambian. 

Vivimos muchas veces inconscientes o ignorantes de que la vida es dinámica, de que la vida da vueltas.

Pasamos por alto nuestra fragilidad humana. No tenemos presentes que hoy estamos aquí, mañana tal vez no. O que hoy estamos de pie, mañana en una silla de ruedas. A veces estamos embriagados en un tener, sin pensar en la posibilidad que mañana carezcamos de aquello de lo que hoy tenemos.

Ignorancia, confianza, falta de entendimiento, arrogancia, demasiada seguridad en uno mismo… sea cual sea la razón, muchas veces vamos por la vida, maltratando o negando la mano a nuestros semejantes que nos necesitan. Lo hacemos sin pensar, sin considerar la posibilidad de que nosotros seamos el día de mañana quienes necesitemos de ellos.

Sabio es aquel que disfruta hoy de lo que tiene, que va por la vida dando la mano, sin fijarse a quien, porque sabe que algún día, la mano que tendió le será estrechada de regreso.

Andemos por la vida haciendo el bien, sin mirar a quien. Sin duda alguna, es la manera correcta de vivir la vida.


El semáforo

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Aquel día, me desperté con mucho sueño y enojado. Con trabajo, pude levantarme de la cama. Me dirigí al cuarto de baño arrastrando los pies mientras renegaba por tener que levantarme de la cama y no poder quedarme en ella todo el día. Desayuné con los ojos tan cerrados como mi mente. Me sentía tan cansado, que por no meter el pan en el tostador, preferí comerlo frío y beber la leche directamente de la botella. ¿Para qué tanto trabajo?  ¡Es un fastidio!

Salí de mi casa rumbo a la oficina, desde mi coche observaba el suelo humedecido por la lluvia y no podía evitar la rabia al pensar que tenía que trabajar. El semáforo se puso en rojo y de pronto, como un rayo, se colocó frente a todos los automóviles algo que parecía un bulto.

Por curiosidad abrí más mis ojos somnolientos y pude descubrir que lo que parecía un bulto, era el cuerpo de un joven montado en un pequeño carro de madera. Aquel hombre no tenía piernas y le faltaba un brazo. Sin embargo, con su mano izquierda lograba conducir el pequeño vehículo y manejar con maestría un conjunto de pelotas con las que hacía malabares.

Las ventanillas de los automóviles se abrían para darle una moneda al malabarista que llevaba un pequeño letrero sobre el pecho. Cuando se acercó a mi auto pude leerlo, "Gracias por ayudarme a sostener a mi hermano paralítico". Con su mano izquierda señaló hacia la acera y ahí pude ver a su hermano, sentado en una silla de ruedas colocada frente a un atril que sostenía un lienzo, y movía magistralmente con su boca un pincel que daba forma a un hermoso paisaje.
 
El malabarista mientras recibía una monedas, vio el asombro de mi cara y me dijo: ¿Verdad que mi hermano es un artista? De pronto el chico sentado en la silla de ruedas se dio la vuelta y pude leer en el respaldo de su silla:

“Gracias señor por los dones que nos das, contigo nada nos faltará”

Eso me impactó profundamente y mientras el hombre-bulto se retiraba y el semáforo cambiaba del color rojo al verde, mi semáforo interior también cambió.

Desde aquél día, nunca más se me volvió a encender la luz roja que me paralizaba por la pereza. Siempre he tratado de mantener la luz verde encendida y realizar mis trabajos y actividades sin detenerme. Aquel día descubrí que ante aquellos jóvenes, yo era el más necesitado, el más incompleto. Desde aquel mismo día, nunca he dejado de agradecer.

Ahora no tengo todo lo que quiero; pero le doy gracias a Dios por lo que sí tengo. El salario apenas me alcanza para pagar las cuentas, pero gracias a Dios que por lo menos tengo un trabajo para ganar el sustento. Los problemas se multiplican como por arte de magia, pero gracias a Dios tengo paciencia y fortaleza para sobrellevarlos.

A veces creo que no podré seguir adelante con tanto conflicto; pero le doy gracias a Dios porque cada mañana siento dentro de mi corazón que sí puedo. Los años han ido pasando rápidamente, mi piel está un poco arrugada, y mis cabellos se están poniendo blancos; pero le doy gracias a Dios por la alegría que siento de vivir.

Cada día le doy gracias a Dios por los conflictos que pude resolver, por los problemas que pude superar, por la enfermedad que pude soportar, por el odio que se transformó en amor, por la soledad que pude sobrellevar.

“Le doy gracias a Dios por permitir que este mensaje llegara a mis manos y a las tuyas”

Anónimo.


La rana sorda

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Un grupo de ranas viajaba por el bosque y de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo.

Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo. 
Cuando vieron lo hondo que era el hoyo, le dijeron a las dos ranas que para efectos prácticos, se debían dar por muertas. 

Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles. Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió. Se desplomó y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. 

Una vez más, la multitud de ranas le gritó que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir. Pero la rana saltó cada vez con más fuerza hasta que finalmente salió del hoyo. Cuando salió, las otras ranas le preguntaron:
- ¿No escuchaste lo que te decíamos? 
La rana les explicó que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más para salir del hoyo. 
Esta historia contiene dos lecciones:

1) La lengua tiene poder de vida y muerte. Una palabra de aliento compartida con alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarlo y finalizar el día. 

2) Una palabra destructiva dicha a alguien que se encuentra desanimado puede ser que acabe por destruirlo. Cualquiera puede decir palabras que roben a los demás el espíritu que les lleva a seguir en la lucha en medio de tiempos difíciles. 

Tengamos cuidado con lo que decimos, pero sobre todo, con lo que escuchamos. No siempre hay que prestar atención. 

Hablemos de vida, alegría y esperanza a todos aquellos que se cruzan en nuestro camino. 
A veces una palabra de ánimo puede marcar la diferencia.

Cambio.

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Cuando el ser humano no puede cambiar las circunstancias, lo más inteligente que puede hacer es cambiarse a sí mismo.

Muchas veces el ser humano tiene que enfrentar en la vida circunstancias que no puede cambiar. 

Resulta insensato el tratar de cambiar lo que no se puede, de apostar al milagro, cuando sabemos que el milagro no se va a dar.

Ante este escenario, tan duro y difícil, la inteligencia no puede estar ausente. Al contrario es cuando debe de surgir como el medio para sacarnos delante de los problemas que tenemos que enfrentar y derrotar exitosamente.

¿Qué hacer ante circunstancias que no se pueden cambiar?

Lo único que queda para sobrevivir en un estado positivo es que el ser humano cambie. 

Es transformar nuestro sentir y desarrollarnos a otro nivel de pensamiento que nos dé la posibilidad de hacer de lo adverso, lo  cotidiano, lo rutinario, nuestra compañía y parte de nuestro existir. Es darle entrada como parte de nuestra vida, en lugar de vivir intentando revertirla.                                                                          

Si el hombre cambia, la adversidad deja de ser incómoda e ingrata.

Finalmente, el hombre es un animal de costumbres. (Charles Dickens)



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